Historia

 

El origen del Museo Naval de la Nación se remonta a las últimas décadas del siglo XIX y está íntimamente ligado a la historia del Centro Naval, fundado en 1882 por oficiales de la Armada. Desde sus primeros años recibió el club donaciones de objetos y modelos de buques para ser exhibidos de modo que, con el tiempo, se fue acumulando una gran cantidad de piezas que no contaban con un espacio especial para ser exhibidas. Así surgió la idea de destinar un espacio del Centro para que funcionara allí el museo, cuya fundación oficial está registrada el 20 de mayo de 1892. En 1914, cuando se terminó de construir la nueva sede del club, situada en la esquina de Córdoba y Florida, se asignó al museo el cuarto piso. Allí funcionó hasta que en 1941 comenzó su traslado hacia el edificio que actualmente ocupa, en Paseo Victorica 602, originalmente construido para funcionar como los Talleres Nacionales de Marina.

 

El edificio       

Los Talleres Nacionales de Marina, construidos en 1879 bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, fueron los primeros talleres con los que contó la Armada Argentina. En ellos debían repararse los modernos buques adquiridos en Inglaterra a instancias de Domingo Faustino Sarmiento, entonces presidente de la nación. Esos buques, específicamente construidos para la guerra, conformaron nuestra primera flota de hierro y vapor, y fueron el origen de la Armada moderna. Se trataba de buques fluviales, que para arribar a Argentina debieron superar una dificultosa navegación marítima para la que estaban poco preparados. A su llegada al Río de la Plata, estos buques fueron apostados en el río Luján, que por ese entonces funcionaba como puerto natural en una época en la que todavía no existía el puerto de Buenos Aires.

En 1898 los Talleres se trasladaron a Dársena Norte y el edificio, desocupado, comenzó a utilizarse como depósito de artillería de Zárate. En 1941 comenzaron a trasladarse allí las piezas del Museo Naval, que entretanto había pasado a depender de la Secretaría General Naval. En 1946, completada la mudanza, el museo fue reabierto al público.

Una de las obras que se efectuó en el Edificio en ese momento, para acondicionarlo en su nueva función de museo, fue levantar el piso por encima de las máximas mareas, lo que protege al museo de las inundaciones que con cierta frecuencia se producen en la zona.